domingo, 21 de abril de 2013

Generación 2013, “La Casa Encendida”. Elena Alonso. Irene de Andrés. Manuel Eirís. Santiago Giralda. Juan López. Asunción Molinos Gordo. Guillermo Mora. Teresa Solar. Julia Spínola. Martín Vitaliti.





Celebrar como único un planteamiento o generación, es de por sí deshacer o entraña el riesgo de deshacer una perspectiva. No obstante, pasar de un lado a otro a través de algo, algo que aún está por definir, es en el fondo y en la práctica tanto física y conceptual: impracticable, pero a la vez los pasos de los artistas que van surgiendo y confirmándose resultan inaplazables.



El formato, el limitado espacio expositivo y la descontextualización de la obra de los diferentes creadores genera a primera vista desazón por la ausencia de referencias. Hubiesen sido necesarias todas las salas disponibles de “La Casa Encendida” e incluso de esta manera no se habría saldado la limitación. Esto me ha hecho buscar en la red más referencias de los artistas que se nos proponen, tratando de dar un sentido o coherencia a las obras expuestas y al creador en cuanto individuo y del mismo modo contemporáneo del resto. En muchos de ellos he localizado una coincidencia: una extrema sutilidad en los detalles que pueden estar localizados o no en la cotidianeidad que puede que falsamente intuya en Julia Spínola o en el punto de partida de esa cotidianeidad que se puede dar en Santiago Giralda y Elena Alonso que derivarán más tarde a una abstracción de espacios no explorados de nosotros mismos que huyen a la razón o hacia una nueva razón que no se obvia, conformando compartimentos que dan lugar a nuevas realidades o posibles arquitecturas o fantasías de nuevo extravagantes. Donde ambos parten del arte figurativo con la dificultad que eso trae consigo en nuestro tiempo, porque la nueva figuración no puede sostenerse si desea vivir y adelantarse a su tiempo en una mera reiteración de lo ya vivido por otros, sino que ha de franquearla a través de la imaginación hacia reductos más abisales de la personalidad. Me alegra bastante descubrir que los dos siguen partiendo del dibujo para recrear el núcleo duro de su obra aunque resulte transgredida por otros formatos. Elena Alonso consigue con “La tapadera” su proyecto más concluyente e ilusionante, aunque sólo es una impresión personal. En realidad cualquier soporte o la desfragmentación del mismo son válidos si nos ubican o nos pierden en la zona no, fragmentaria, que lanza una señal a otras disciplinas: a quien lo quiera o pueda ver: a la zona opuesta: escuchar el primer sonido en nuestro puño entreabierto y, muchos de ellos nos abandonan a nuestra suerte en ese espacio que no es posible reproducir.


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